El gimnasio del colegio está lleno de emoción. Los alumnos, desde los más pequeños hasta los mayores, ocupan sus lugares en el suelo y las sillas, mientras los profesores sonríen con complicidad. Hoy no es un día cualquiera: el Mago Cid ha llegado para llenar la escuela de magia y alegría.
De pronto, la música suena y las cortinas se abren. Entra el Mago Cid, con su sombrero alto y su chaleco multicolor, saludando con energía: – “¡Buenos días, campeones! ¿Están listos para la magia?” – La respuesta es un grito eufórico de “¡Síii!”.
El espectáculo comienza con pañuelos interminables que salen de sus manos y cambian de color en el aire, mientras los más pequeños aplauden y ríen. Luego, las cartas vuelan entre sus dedos y, con una sonrisa pícara, hace aparecer una moneda en el bolsillo de un niño del público, provocando carcajadas y asombro a partes iguales.
El Mago Cid no solo hace magia, también juega y conecta con los alumnos: bromea con los más grandes y sube a los más pequeños al escenario para convertirlos en sus ayudantes. Un simple gesto suyo transforma un pañuelo en una paloma blanca, desatando un aplauso que resuena por todo el gimnasio.
El momento más esperado llega al final. – “Ahora, la magia más grande de todas…” – anuncia con voz misteriosa. Con ayuda de los profesores y mucha atención del público, hace levitar una mesa frente a los ojos incrédulos de todos. Los niños se levantan de sus asientos, boquiabiertos, mientras los profesores intercambian miradas de sorpresa y sonrisas.
Con una última reverencia y un ramo de flores que aparece de la nada, el Mago Cid se despide: – “¡Recordad, la magia siempre está en vosotros si os atrevéis a soñar!” – Entre aplausos y vítores, los niños se acercan emocionados, pidiendo fotos y prometiendo practicar sus propios trucos de magia.
Así, una mañana de colegio se convierte en un momento inolvidable, donde la ilusión, las risas y la magia del Mago Cid se quedan en la memoria de todos.